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El conocimiento del misterio de la misericordia Divina a través de la Contemplación

El conocimiento del misterio de la misericordia Divina a través de la Contemplación

Una vez estaba yo reflexionando sobre la Santísima Trinidad, sobre la esencia divina. Quería penetrar y conocer necesa­riamente, quien era este Dios. (Diario 30) ¿Quién es Dios? También Sor Faustina se pregunta más de una vez.

El hombre por naturaleza tiende a Dios. Es “capaz de Dios” dice el Catecismo de la Iglesia (cfr CEC ) y Dios mismo cumple este deseo del corazón humano, acercándose a el, dejándose conocer de múltiples modos (cfr Hb 1, 1). En la historia Dios se reveló a Sí mismo y ma­nifestó su plan de salvación de muchas maneras, “movido de amor habla a los hombres como amigos (cfr Ex 33, 11; Jn 15,14-15) y trata con ellos (Bar 3, 38) para invitarlos y reci­birlos en su compañía” (DV, 2).

Cada persona que razona puede conocer a Dios mediante sus obras visibles como dice san Pablo: Desde la crea­ción del mundo, lo invisible de Dios su eterno poder y divi­nidad, son conocidos mediante las obras (Rom 1, 20).  Estas obras y palabras escritas en la Sagrada Escritura son una inagotable fuente para conocer a Dios que se revela a Sí mismo y su plan salvífico hacia el hombre.

El Señor, ante la inquietud de la santa, antes comentada así le responde:

En un instante mi espíritu fue llevado como al otro mundo, vi un resplandor inacce­sible v en él como tres fuentes de claridad que no llegaba a comprender De este resplandor salían palabras en for­ma de rayos y rodeaban el cielo y la tierra. No entendí nada de ello, me entristecí mucho. De repente del mar del resplandor inaccesible, salió nuestro amado Salvador de una belleza inconcebible, con las llagas resplandecientes. Y de aquel resplandor se oyó la voz: Quien es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana. Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributos (Diario 30).

Esta es la tarea que da inicio al camino- experiencia que conforma la Espiritualidad del discípulo misionero de la Misericordia: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributo. Y eso lo logra gracias a una constante contemplación de Dios en su obrar, en sus palabras, en sus atributos.

Contemplar es el tranquilo demorarse del hombre en la presencia de Dios'. La contemplación excluye largos razonamientos y la muchedumbre de afectos, es oración afectiva de simplicidad, acto de simple mirada a Dios junto con sentimiento de admiración y amor'. Como dice A. Tanquerey: Las almas que llegan al estado de contempla­ción no necesitan largas meditaciones ni análisis mentales, conocen a Dios más bien naturalmente, sin deducir, en cier­to modo estar cara a cara con el Señor y aman a Dios con amor intuitivo, como el niño tima a su buena madre. A es­tas almas les es difícil comprender cómo es posible no amar a Dios, vivir sin Él (Tanquerey A. Compendio de teología ascética y mistica, tomo II, p. 522.)

Fiel a esta indicación Sor Faustina meditaba e iba conociendo el misterio de la misericordia de Dios empezando por la obra de la creación, a través de la obra de la redención y manifestada en la Iglesia, en la Palabra de Dios, en los santos sacramentos, especialmente la Reconciliación y de la Eucaristía. Sor Faustina meditaba sobre Dios en Su Santidad derramada sobre la Iglesia de Dios y sobre cada alma que vive en ella… (Diario 180). Su  Justicia que es tan grande y penetrante que llega hasta el fondo de la esencia de las cosas (Dia­rio 180). Culminando en otro atributo de Dios que es el Amor y la Misericordia. Y entendí - escribió - que el mayor atributo es el Amor y la Misericordia. El une la criatura al Creador. El amor más grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarnación del Ver­bo, en su redención, y de esto entendí que éste es el más grande atributo de Dios (Diario 180). Justamente este atributo de Dios que es su inson­dable Misericordia, es el núcleo mismo de la espirituali­dad de Santa Faustina.

Y así descubierto este atributo lo contempla en todas su manifestaciones: en la creación del Universo y del hombre no solo ve plasmada la perfección y sabiduría divina sino su inmenso amor y Misericordia pues si Dios llama algo a la existencia es por ser la Misericordia que desea compartir el don de la existencia. (cfr Dia­rio 1741-1743. 1553). Haciendo del hombre el centro de la creación e incluso dándole a los ángeles para cuidarle santa Faustina admiró el amor misericordiosos de Dios hacia el hombre (cfr Dia­rio 1749). Y su admiración llega al maximo tras meditar el mis­terio de la misericordia Divina en la obra de la reden­ción que se revela más plenamente en el misterio Pascual de Cristo (cfr Dia­rio 1747. 1523)

Conocer a Dios en este misterio y contemplar este misterio en lo cotidiano es la llave para nuestro camino espiritual con nuestra maestra de la Divina Miseri­cordia.

Profundiza sobre la Revelación del misterio de la Misericordia leyendo DM, 7 donde el Papa Juan Pablo II contempla la Misericordia revelada en la Cruz y Resurrección.

Ora: Oh Dios, con qué generosi­dad derramas tu misericordia y todo esto lo haces por el hombre. Oh, cuánto amas al hombre si tu amor hacia él es tan activo. (Diario 1749).

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